jueves, 14 de octubre de 2010

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida. Porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; Porque veo al final de mi rudo camino, que yo fui el arquitecto de mi propio destino; Que si extraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas; Cuando planté rosales, coseché siempre rosas. ...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno, mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno. Hallé sin duda largas noches de mis penas; mas no me prometiste tú sólo noches buenas; y en cambio tuve algunas santamente serenas... Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. Vida, nada me debes. Vida, estamos en paz.

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